Por: Mirna Santiago
En cáncer de mama con receptores hormonales positivos, la hormonoterapia no es un “extra”: es parte del plan para disminuir el riesgo de recurrencia a largo plazo.
Cuando a una paciente le indican una pastilla por varios años, es normal que aparezcan dudas. En consulta, lo primero es aclarar que la hormonoterapia no es quimioterapia. Su objetivo es bloquear el efecto hormonal en la célula tumoral o disminuir la producción de estrógeno, ayudando a reducir la posibilidad de que la enfermedad regrese después del tratamiento inicial.
¿Es realmente necesario tomarla tanto tiempo?
No en todas las pacientes, pero en algunas sí puede ser recomendable. La duración depende del riesgo individual, no de una regla igual para todas. Se consideran la etapa del tumor, el tamaño, sí hubo ganglios comprometidos, el estado menopáusico, los tratamientos recibidos y cómo la paciente tolera el medicamento.
La razón de fondo es que el cáncer de mama hormonal positivo puede requerir protección prolongada. Aunque cirugía, radioterapia o quimioterapia hayan sido necesarias y se hayan completado, la hormonoterapia mantiene controlada la vía hormonal que podría estimular células sensibles. Por eso, 5 años pueden ser adecuados para algunas pacientes, mientras que otras podrían beneficiarse de extender el tratamiento hasta 10 años, la clave está en individualizar la decisión.
Existen distintas formas de hacerlo, medicamentos como el tamoxifeno bloquean el receptor hormonal en la célula, los inhibidores de aromatasa, como anastrozol, letrozol o exemestano, disminuyen la producción de estrógeno, principalmente en mujeres posmenopáusicas o en pacientes premenopáusicas cuando se combinan con supresión ovárica. La elección depende del estado menopáusico, el riesgo de recurrencia, la tolerancia y otros aspectos clínicos.
La razón por la que puede durar varios años tiene que ver con la biología del cáncer hormonal positivo. Estos tumores pueden tener una evolución más lenta y mantener riesgo de recurrencia después de los primeros años. Por eso, el tratamiento no siempre termina al completar cirugía, radioterapia o quimioterapia.
Estudios amplios, como ATLAS, demostraron que continuar tamoxifeno hasta 10 años, en lugar de detenerlo a los 5, puede reducir el riesgo de recurrencia y mortalidad en mujeres con cáncer de mama con receptores de estrógeno positivos. Las guías actuales también recomiendan valorar tratamiento extendido en pacientes seleccionadas, especialmente cuando el riesgo de recurrencia es mayor.
Los efectos secundarios también deben hablarse con claridad. Algunas pacientes presentan sofocos, sudoración nocturna, sequedad vaginal, cambios en el ánimo, dolor articular o cansancio, los inhibidores de aromatasa pueden afectar huesos y articulaciones; tamoxifeno tiene riesgos poco frecuentes que requieren vigilancia. Lo importante es no suspenderlo sin conversar con el equipo médico, porque muchas molestias pueden manejarse o puede ajustarse la estrategia.
Entender el porqué ayuda a sostener el tratamiento y a tomar decisiones con más tranquilidad. La hormonoterapia no se indica por costumbre ni por miedo, sino porque en tumores hormonales positivos puede formar parte esencial del cuidado después del diagnóstico. La mejor decisión siempre nace de una conversación personalizada, donde se equilibran beneficio, riesgo, tolerancia y acompañamiento médico.
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